los colectivos de artistas no hacen tanto las flores como el suelo mismo. Y el
suelo no se ve usualmente en el museo. Los colectivos no aportan cantidades generosas de las cosas con las que nos deleitamos allí, los ídolos a través de los cuales expresamos nuestro amor por el arte.
Los colectivos de artistas no hacen objetos: hacen cambios. Hacen situaciones, oportunidades, realizaciones, entendimientos.
Alan Moore
Propiedad de enlace: Hacer Ambulante
Una sola molécula de H2O no nos parecería el agua que todos conocemos hasta el momento en que se asocia a cuatro moléculas más, el enlace molecular define al agua. Comenzar por una metáfora de la química parece útil para iluminar un proceso de gestación grupal, entre lo recíproco y lo singular. De esto se trata esta muestra, un proyecto colectivo en proceso a partir de la activación de contactos entre artistas dentro y fuera de Mendoza, Buenos Aires y Córdoba.
Aunque la apuesta se defina en la situación transitoria de la exhibición, se sustenta en una mirada reflexiva sobre las condiciones de producción del lugar de “origen”, árido en la instalación de otros lenguajes más allá de los “esperables” soportes del arte, modas y academicismos.
Esta instancia empuja y los artistas se desplazan, no sólo para la actualización y el estudio sistemático de prácticas “fuera de lugar” (el arte de acción y la performance, por ejemplo) sino para habilitar canales alternativos de comunicación que reparen el aislamiento. Lo que deviene es otra forma de inscripción artística, que desmarca las fronteras y genealogías de lo local y resuelve el exilio al desbordar la lógica de movimiento de la periferia (interior) al centro (capital) con una red de circulación menos lineal y jerárquica ([1]).
La noción ampliada del arte conceptual diseña una parte del territorio del encuentro. No sólo porque habilita el cruce (varios de los miembros del proyecto compartieron los talleres de poesía visual junto Juan Carlos Romero, referente del conceptualismo en
Así, las búsquedas de Melina Scumburdis, Violeta Cincioni y Florencia Fernandez Frank, acuerdan un espacio para lo frágil y lo simple, pequeños objetos que se activan para superar la iconocidad (Llaves) o esperan una apropiación lúdica del visitante, aunque no menos responsable por su devenir (Sueños –Germinaciones- y Trompos).
La restitución de espacios de socialización con una nueva geografía (tanto en esta gestión colectiva como en el encuentro con el público), también implica reparar las tramas fragmentadas de la memoria. Así la historia personal y la infancia se encadenan al objeto, la imagen y la palabra. Jorge Pérez (Manual del alumno bonaerense) se pregunta si seremos capaces de revisitar el lenguaje del manual escolar, entre el control que se espacializa y la utopía de un lugar sin paredes para el aprendizaje. En otra punta, la palabra de la resistencia y la acción de Soledad Sánchez (Correspondencia) que costura y presentifica antiguas cartas del exilio familiar en el paisaje de la censura y la dictadura de los setenta.
Con todo, la masa crítica y creativa se separa del género artístico tradicional para ser un acto que nombra, designa (como la raíz del proyecto de Inti Pujol con Guacha, La puta guita), opera en la performance (junto a Stella Fernández) o se objetualiza (ahora Naftalinas), sólo para desencadenar sensaciones que cuestionen una contemplación distanciada. Las tramas o configuraciones que enlazan cosas, lugares, memorias son ensayos de una cartografía del proceso de producción sin un centro fijo (Ana Volonté) o en constante flujo vital (que se abstrae y amplifica en las Venas de Pablo Peisino).
Estas lecturas posibles del hacer no excluyen la mirada sobre los soportes o dispositivos elegidos o el campo en el que se inscriben. Así, la interferencia entre el proceso manual y digital de la producción de la imagen es relevado por Martín Neglia, fijando los actos que van de la mano que dibuja a la mano dibujada y el dispositivo tecnológico de edición. En el caso de Ramiro Quesada Pons, similares medios le permiten construir una intimidad que desnuda la perspectiva difusora e institucionalizada de los grandes centros de arte contemporáneo. La habitación del fanático ironiza los mecanismos editoriales y publicitarios de actualización en su carácter de replica, souvenir, superficie.
Anudando apenas el círculo, esta infraestructura autogestionada y colectiva propone el intercambio de información para enlazar poéticas sin ver aplanadas las opciones subjetivas. Es parte y desafío de esta muestra romper, descongelar, el silencio y dejar que el agua prepare el suelo.
Mariana Serbent
Mendoza, noviembre de 2008
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